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martes, 1 de mayo de 2012

BAJO LAS GLICINAS DE SALONA


Otras veces ya he recogido en este blog algunas fotos de los jardines que acompañan a los museos. El Museo de hoy está enclavado entre las ruinas romanas de Salona una ciudad cercana a la actual Split (Croacia). Una ciudad que sin duda fue próspera por su situación geográfica  y de la que se tiene referencias ya en el siglo II a.C. llegando a ser capital de la provincia de Dalmacia  y que resistió hasta las invasiones  de los pueblos bárbaros.
Foro, teatro, anfiteatro, termas, basilica, complejo episcopal y barrios de edificaciones civiles se fueron desmoronando y sepultando con el paso de los años hasta que llegó alguien que volvió a desenterrarlos, estudiarlos, darles forma y construir el relato de lo que fue su historia. Este hombre fue Frane Bulic.


Bulic (1846-1934) era sacerdote croata que estudió teología y más tarde en Viena, arqueología y filología clásica. Sus trabajos sacaron a la luz la historia romana y de los primeros cristianos de Croacia. Ejerció como historiador y arqueólogo pero también tuvo cargos representativos en su país. Su dedicación al yacimiento arqueológico de Salona hizo que se construyera una vivienda al lado del yacimiento estudiaba, investigaba y seguía las excavaciones. Esta casa es el pequeño museo que ahora colecciona algunas piezas del yacimiento así como recuerdos personales de Bulic relacionados con su trabajo como arqueólogo.
Al  lado de esta casa está un pequeño jardín cuyo elemento principal son las cubiertas de glicinas y otras plantas trepadoras que  se enroscan a columnas y dan sombra a fragmentos encontrados la ciudad romana. Es un jardín mediterráneo, apacible, soleado, oliendo a cultura clásica y que debía ser un buen lugar para pensar, disfrutar, charlar con los colaboradores siempre mirando a la antigua ciudad que está a un tiro de piedra en el sentido más literal del término. No sé cómo debía ser el jardín en tiempos de Bulic pero a mí me gustaría que hubiera sido así, transmitiendo buenas sensaciones.

Los restos de Bulic descansan un poco más allá en un sepulcro que recuerdan a los de la necrópolis vecina. Su tumba esté rodeada de todo aquello a lo que dedicó su vida.

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