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viernes, 8 de febrero de 2008

LA IMAGEN PERECEDERA DE LOS JARDINES

Las Administraciones han dado en crear festivales o certámenes de jardines efímeros dónde los jardineros o paisajistas compiten en crear jardines que sirven para mostrar el arte y la pericia de sus creadores a la vez que permiten a los ciudadanos el disfrute de espacios verdes siempre renovados. Estos concursos llamados de jardines efímeros me hace pensar que la temporalidad y la fragilidad es una de las características de todos los paisajes ordenados por el hombre.

¿Acaso no todos los jardines son efímeros? En el mejor de los casos, es decir en el que son cuidados y conservados durante muchos años, tienen siempre un componente pasajero o quizá tendríamos que decir cambiante ya que se hallan siempre en constante evolución. Nada tiene que ver el jardín que creo la emperatriz Sissi en su villa de Corfú con el que actualmente se visita. En el interior de la villa se ve una vieja fotografía donde la vegetación enmarca una deliciosa vista sobre el mar. Actualmente los árboles forman un telón de fondo que impide ver el Mediterráneo.

Perecederos son también aquellos jardines que el gusto de sus propietarios ha desestimado como pasados de moda y ha impuesto grandes transformaciones que nos hace difícil poder saber como eran con anterioridad. Otras veces son los acontecimientos sociales quienes acaban con ellos: la pobreza, las guerras, las revoluciones sociales o religiosas. Un ejemplo son los jardines encerrados en los claustros de los monasterios. En España la desamortización de Mendizabal hizo pasar a manos privadas muchos conventos y monasterios y estos espacios verdes, muy característicos, se perdieron para siempre.

He estado visitando el recién restaurado monasterio de San Benet de Bages en la provincia de Barcelona, un monumento románico notable cuyo claustro posee unos capiteles que por ellos solos merecen la visita. Pues bien, la parte del jardín no me pareció reconstruida, quizá al ser invierno se consideró que esta es una obra que se abordará más adelante. Solo quedan los árboles cuya plantación se debe al gusto de la familia del pintor Ramón Casas que adquirió el monasterio en los años 20 del siglo pasado y cuyo único interés era adecuar el espacio como un jardín interior. ¿Trasgresión o decorativismo? Después de los años de abandono esperemos a ver como va a resurgir en esta nueva etapa.


En la mayoría de los casos los jardines antiguos sucumben al abandono y alguno puede hacerlo de forma muy drástica ya que la arquitectura vegetal es muy frágil y nada queda de hermosos jardines de la antigüedad mientras que las estructuras de los edificios o los restos de muros pueden rememorar el esplendor de viejas construcciones. La arqueología solo puede hacernos reconstrucciones a partir de restos de muretes, de pinturas, de narraciones escritas y últimamente del estudio de semillas y polen hallados en el lugar y esto no siempre merece el interés de quien restaura.

Esta idea de paisaje perecedero fue lo que hizo de los jardines uno de los marcos gratos a los románticos. Buenas son algunas dosis de romanticismo pero esperemos que los tiempos actuales les devuelvan la vida en su justa medida de belleza y honestidad.

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