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jueves, 10 de junio de 2010

LA CIUDADELA DE BARCELONA Y LAS LEYENDAS FANTÁSTICAS

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Hace días que no reseñaba aquí ninguna curiosidad o leyenda relacionada con los jardines, hoy os relato aquí dos que he leído en el libro de Sylvia Lagarde-Mata titulado Fantasmas de Barcelona. Para que os situéis sobre el Parque de la Ciudadela os remito a un reportaje que hice sobre él en la web en la que se explica esquemáticamente su historia y su realidad.

El parque está construido sobre lo que fue el barrio de la Ribera, el más próspero de Barcelona cuando Felipe V invadió Barcelona arrasándolo completamente para construir una fortificación, no para defender a la población sino que sus cañones apuntaban directamente a la ciudad en vistas a un hipotético levantamiento. Lo convirtieron pues en un lugar odiado por los barceloneses. Fue un enclave militar controlador de la ciudad hasta que el General Prim lo devolvió a la ciudad para construir un parque.

De la antigua ciudadela se conservan actualmente solo tres edificios, uno de ellos es el que actualmente alberga el Parlamento de Catalunya. Se dice que en ese lugar había un pozo al que tenían acceso todos los vecinos del barrio de la Ribera pero que raramente usaban debido a un efecto mágico que se daba en él. Una resplandor surgía de sus aguas y si se acercaba el oído podían escuchar rumores y conversaciones ya que la gente decía que aquel pozo atravesaba toda la tierra y tenía salida por la otra parte del mundo.

Supongo que esta leyenda es el origen del pozo que construyó Nouvel en el Parque del Centro del Poble Nou que tenía que comunicar con las antípodas pero esta vez mediante la electrónica. Lo cierto es que las posibilidades técnicas fallan más que las mágicas y el proyecto no se llegó a hacer.

La segunda leyenda que os quiero narrar está ligada al espiritismo que en el siglo XIX estuvo muy en boga y que tuvo muchos adeptos en la ciudad.

Como os dije antes la Ciudadela era un enclave militar hasta el XIX y una de las muchas funciones que tenia era la de ser el lugar donde estaban las horcas de la ciudad y donde se daba muerte a los reos de la Inquisición.

El 9 de octubre de 1861 el obispo de Barcelona Antoni Palau i Termens mandó quemar todos los libros de espiritismo requisados por toda la ciudad. Esto enfadó a mucha población que contemplaba la quema gritando “Muerte a la Inquisición”. El ambiente se fue caldeando y no precisamente por el fuego y los religiosos se retiraron por miedo a una revuelta anticlerical.


Cuenta la leyenda que la tensión fue tanta que el obispo, muerto un año después, tuvo tal sentimiento de culpa que su alma arrepentida se presentó en una reunión espiritista para animarles a seguir con su proselitismo y predecirles que en el lugar donde se quemaron los libros se iba a construir un hermoso jardín. Se dice que la noticia corrió por toda la ciudad. Siete años más tarde Prim cedió los terrenos de la Ciudadela para la construcción del parque.
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1 comentario:

jardineria dijo...

Muchas gracias por hacernos partícipes de estas leyendas. Siempre se aprende algo, y por supuesto, este jardín es una maravilla