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viernes, 1 de agosto de 2008

UN JARDÍN EN UNOS CENTÍMETROS

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Desde pequeña me ha gustado mirar imágenes, me daba igual que fueran los cromos de los Litines de la Gallina Blanca o las ilustraciones de los cuentos o las reproducciones de libros de arte que me dejaba hojear una amiga familiar. Creo que soy de una generación de mirones de imágenes. Nunca he renegado de ello, es más, creo que aprendí mucho, que mis primeros gustos en arte se debieron a ello y que esas imágenes formaron mi gran banco de datos particular y sirvieron de base a la hora que la ciencia me dio instrumentos para ordenarlos, clasificarlos y razonarlos.

Mirar imágenes es una gran fuente de conocimientos pero no siempre mirarlas fue tan fácil como ahora. Unos siglos atrás las imágenes y las ilustraciones estaban al alcance de unos pocos. Los poseedores de libros eran pocos, los grandes monasterios, los grandes señores, los poderosos. Aún en el XVII los que tenían una biblioteca en casa eran pocos.

Todo este preámbulo viene a cuento de unas ilustraciones de jardines medievales tardíos que he encontrado repasando mis archivos de imágenes. Las quiero compartir con aquellos que me lean, que observen como eran los jardines de siglo XV. Unos jardines que tiene más de medieval que de espacio renacentista. Todas ellas proceden de miniaturas, esas maravillosas ilustraciones, detallistas en extremo, que adornaban los manuscritos. En unos centímetros de pergamino atesoran el más delicioso arte y la información mas valiosa de cómo era la estética de estos espacios verdes dedicados al reposo y al placer.

Los jardines son de pequeñas dimensiones. Los vemos dentro de construcciones amuralladas, ya sea en el interior de la ciudad o en el interior de un castillo.
Este jardín cerrado medieval tiene sus orígenes en el paraíso al que vemos como un vergel cerrado por una muralla lleno de vegetación y árboles frondosos de donde fueron expulsados Adán y Eva. Este lugar idílico esta en el imaginario del jardín medieval.

Si observamos la primera miniatura que corresponde al Roman de Renaud de Montauban podemos ver lo que los historiadores nos describen como el modelo de jardín del siglo XV. Al mirar el jardín y cotejarlo con alguna reproducción he de decir que tengo una duda sobre si la imagen esta correctamente orientada ya que en algún libro el perro y la fuente están a la derecha pero para nuestras observaciones ya nos vale.

Observamos que además de estar dentro de las murallas el jardín está aún doblemente encerrado por cercados de madera o fibras vegetales donde se apoyan rosales y otros arbustos.


El jardín esta tapizado de un prado verde sobre el que se sientan la pareja. Podemos observar unos muros bajos de ladrillo o bancos recubiertos de césped. Este es un elemento que se observa en muchas ilustraciones y que siempre me ha parecido curioso. Un recurso estético y funcional que se ha perdido en estilos posteriores de jardín. Algo que siempre me llama la atención es como podían tener prados y bancos de hierba en medio de las ciudades amuralladas donde parece que el agua no debía abundar. Solo se me ocurre que eso era factible en lugares norteños de mucha pluviosidad o simples deseos ideales de cómo querrían un jardín.


El agua en el jardín era importante, existe una fuente con una pileta de la que mana agua. La fuente está adornada con una pequeña escultura, el arte de la escultura siempre embelleciendo estos espacios. Un agua trasportada de lejos o recogida durante la lluvia que servia para apagar la sed, refrescar, dar placer y regar la vegetación. El agua, entonces como ahora, era un bien precioso accesible solo a unos pocos y los jardines eran solo para unos pocos.

Si seguimos observando vemos que también existían plantas que se cultivaban en grandes macetas: unas clavellinas y un arbusto podado al estilo del arte topiaria.

En otra de las miniaturas podemos ver que estos jardines tenían sus árboles para dar sombra e incluso como podemos ver en un detalle de la miniatura correspondiente al mes de abril de Las Ricas Horas del Duque de Berry la existencia de espalderas para emparrar arbustos trepadores que producían una agradable ornamentación. o es quizá una pérgola que bordea el muro.

Hasta aquí mis observaciones de estos jardines contenidos en unos centímetros que me hacen soñar en jardines ideales de la baja Edad Media donde damas y caballeros hablaban de amor y donde los sabios de la época seguro que filosofaban. Otros más sabios que yo han estudiado en profundidad el jardín medieval, yo solo he mirado unas imágenes.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Es una pena que la mayoría de estas ilustraciones fueran flamencas o del norte de Europa. Estaría bien saber cómo eran los jardines medievales en la Península Ibérica, seguramente tendrían algunas características propias que desconocemos...
No obstante pronto veremos recreaciones de jardines medievales basadas en el estilo europeo en España.