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martes, 22 de noviembre de 2011

EL CASINO DE LA REINA (MADRID)

Autor: Andrés Pérez Rodríguez. Arquitecto y especialista en restauración de jardines históricos.


Casino era la palabra italianizante con la que, a comienzos del siglo XIX, se denominaba una casa de recreo con huertas y jardines situada a las afueras de una ciudad. El Casino de la Reina fue un jardín romántico madrileño de historia corta y azarosa que, en unas pocas líneas, me dispongo a descubriros.
Su origen como finca de recreo se remonta a comienzos del siglo XIX, cuando el ministro de José Bonaparte, Manuel Romero, mandó edificar un palacete junto a la actual glorieta de Embajadores, arrebatando la conocida como Huerta del Bayo a sus entonces propietarios, los clérigos de San Cayetano. Durante esta época, la finca tenía un tratamiento eminentemente agrícola, respondiendo a un trazado más o menos ortogonal, con paseos arbolados y terrazas cultivadas comunicadas por escaleras. Los aspectos jardineros se ceñían a los parterres, en las inmediaciones del palacete, y al laberinto, construcción vegetal en cuyo centro se levantaba un cenador dedicado a Apolo. Se sabe que en este jardín original había emparrados, árboles frutales  y rosales, así como estufas e invernaderos, en los que suponemos que ya se cultivarían plantas sensibles a las heladas, como los cítricos.
Con la retirada de las tropas napoleónicas, la finca fue incautada y adquirida en 1817 por el Ayuntamiento para obsequiársela a la reina Mª Isabel de Braganza, en celebración del próximo nacimiento del futuro heredero de la Corona. Desde entonces será conocido como Casino de la Reina. Tristemente, la niña murió al poco de nacer y el siguiente embarazo fue fatal para Mª Isabel, que murió en 1818 durante el parto, sin apenas haber podido disfrutar del regalo. Desde entonces, el Real Sitio fue visitado por la familia real en muy contadas ocasiones, prefiriéndose otros sitios, como el Reservado, Aranjuez o el Casino de Vista Alegre.


FIGURA 1. Plano de Ibáñez Ibero, 1872-74

El jardín, tal y como podemos verlo en el plano de Ibáñez de Ibero, respondía a un trazado que podríamos llamar “romántico”, con caminos sinuosos y plazoletas en las que de vez en cuando aparecía algún capricho. Disponía de una pequeña ría navegable, con un templete que hacía las veces de embarcadero en la que la familia real llegó a navegar al son de una barcarola interpretada por un coro de marineros españoles y otro de gondoleros venecianos. El conjunto estaba cercado por una sencilla tapia en la que se abría una portada neoclásica, obra de Antonio López Aguado, que actualmente se conserva como acceso del parque del Buen Retiro, en su entrada por la puerta de Alcalá.




FIGURA 2. Portada del Casino de la Reina, detrás de la tapia puede verse el dique, o embarcadero.

Entre las edificaciones del jardín, destacaban el mencionado embarcadero, los cenadores, la casita rústica, con un maniquí vestido de guardabosques, y los invernaderos, donde se cultivaban especies exóticas. Existían además numerosas fuentes, esculturas y juegos mecánicos como los del columpio y la sortija, que consistía en cuatro asientos apoyados en cuatros barras perpendiculares entre sí que giraban en torno a un eje.

Figura 3 - Ejemplo de jeu de bagues o juego de la sortija. www.histoire-image.org
En cuanto a la vegetación, las fuentes hablan de árboles de sombra, praderas de césped, plantas aromáticas, arbustos de flor y frutales de diversas especies y variedades, combinando el aspecto ornamental con el productivo. En los invernaderos crecían piñas, plataneros, caña de azúcar y plantas suculentas.
Aunque el disfrute del Casino estuvo reservado a la familia real, era posible obtener un permiso especial para visitarlo, con lo que aparecía en todas las guías turísticas de la época como una de las atracciones de la capital.

Figura 4

Desde que, en 1865, se transfirió su propiedad al Estado, la parcela sufrió segregaciones, construcciones y obras que desfiguraron completamente su aspecto inicial, con la construcción de varios grupos escolares, algunos de interés arquitectónico e histórico. A comienzos del presente siglo, el Ayuntamiento llevó a cabo una serie de demoliciones de edificaciones de escaso valor que devolvieron al parque parte de su extensión, aunque se ignoraron las trazas históricas y se optó por un diseño contemporáneo, obra de Beatriz Matos y Alberto Martínez.

FIGURA 5. El palacete en la actualidad

2 comentarios:

jose alonso dijo...

Desgraciadamente, aunque efectivamente hay una parte de la finca que ahora es instituto de enseñanza media (donde estaba la rotonda de la ría), y hay un pequeño grupo escolar en el extremo oeste (y unas pistas de tenis o de baloncesto detrás del instituto), no se ha logrado un ajardinamiento que resalte la propiedad y que recuerde que efectivamente ese lugar fue un sito real. Además de estar muy mal cuidado, como suele suceder con los jardines del Ayuntamiento de Madrid.

No hace falta ni gastar dinero ni encargar diseños exclusivos para hacer algo que merezca la pena y que salga en los libros.

Por ejemplo: ¿y una adaptación de esos jardínes "románticos" a los tiempos modernos agregando arbustos o árboles especiales que les de un valor especial?

El techo del palacete estuvo pintado por Vicente López (hoy en el Museo del Prado). Tuvo muchas estatuas, entre las cuales Castor y Polux (me imagino que es lo que llamamos el Grupo de la Granja hoy en el Prado) del que se podría hacer una copia y reponerlo en su lugar.

Hoy la mayor parte de la propiedad está cerrada con una reja de forja monumental proveniente del palacio de San Juan (en donde está ahora el nuevo Ayuntamiento)

El lugar es lo suficientemente pequeño para que tenga praderas de cesped mantenido como Dios manda y los ciudadanos pagan; y el toque romántico lo daría rosas y arbustos de flor similares a los que puede haber en jardines que consideremos como "románticos" en Europa (ej la rosaleda de Bagatelle en París?)

Para entender el jardín y sus posibles soluciones hay que pensar que está inclinado
de norte (donde está el palacete) a sur (donde estaban y está la entrada principales) Es decir, que tiene una insolación durante todo el día, lo que limita el uso de ciertas especies (ciertamente el cesped)y favorece otras (rosales )

Me pregunto lo que hubiera hecho el gran Forestier en un caso como éste.

El edículo (redondo)de la ría me recuerda a la fuente (ovalada)de la domus Flavia en Roma.
Y según interpreto el plano de Madrid de Ibañez, que traza el plan completo del jardín, debe haber un claustro de celosías o folía entre los jardines formales del palacete (como tuvo que tenerlo el palacio de la Florida).

En este plano, es bastante interesante la relación entre los jardines formales, rodeando el palacete y el resto del parque.

Hay que tener en cuenta que este jardín estaba justamente en las afueras, y lo que tenía al sur, más allá de la tapia era campo. Como todo estaba diseñado para ser visto desde la casa y sus jardines, que están en alto, se vería un parque cuidado, con alguna atracción (estatua, fuente, cenador..., la entrada monumental que hace eje con la casa pero que está separada de ella por el parque dirigiendo la vista pero haciendo que la distancia parezca mayor), el paseo arbolado que bordea Madrid y por este lado, y luego campo sin árboles (que en verano se agostaba contrastando con el verde del parque )hasta perderse en la distancia (panorámico, pues está en un lugar mucho más alto. Hoy,si no hubiese casas, se podría ver claramente y sin dificultad el Cerro de los Ángeles, casi en el centro geográfico de España a unos 20 km.

El lugar es un sitio de muy bajo nivel económico desde esa época, por lo que un poco de belleza y naturaleza de la buena es imprescindible para elevar el nivel de vida espiritual y cultural de gente que tanto lo necesita.

Enfin, creo que tenemos mucho que aprender de los ingleses.

jose alonso dijo...

Aprovecho la entrada para revelar un jardín escondido que está al lado del Casino de la Reina: en el patio central de la antigua Real Fábrica de Tabacos (hoy abandonada esperando restauración).

El aspecto exterior es muy sobrio y recuerda a un palacio italiano.

Si se ve el plano de Ibañez, al este del parque y al otro lado de la calle de Embajadores, hay un gran edificio con 3 patios: 2 pequeños cubiertos con bóbeda de hierro y cristal (como un invernadero), y el central, más grande, con una fuente central (recuerda también las del Hospital, solo que más pequeña) y que ha estado siempre ajardinado.

(Además, subieron un piso más, como en el Hospital; y parece ser que fue el mismo arquitecto, porque es resultado es idéntico)

El jardín en principio no tiene nada especial, pero en Madrid, donde la especulación del suelo propiciada por el Ayuntamiento ha hecho desaparecer la multitud de patios, claustros, huertas conventuales que había en Madrid (que ha sido siempre una ciudad muy pequeña, porque no tenía industria y tenía graves dificultades de abastecimiento porque no tiene ni río navegable ni mar), hace que este tipo de reliquias sean un tesoro. Y seguramente el ajardinamiento tiene 150 años por lo menos. Cuando lo dejó Tabacalera y lo compró el Ministerio de Cultura, el jardín se dejó de mantener.

Lo interesante del caso es que me recuerda mucho al patio del Hospital Central de Madrid, solo que más pequeño.


Hoy el palacio está ocupado por okupas, por lo que uno puede colarse para ver el jardín, los patios y lamentar la desidia y la incultura de nuestros políticos y de los que les votamos.

¿El destino del jardín?

Gallardón puso la moda de cegar los patios con grandes cristaleras; o sea, que tarde o temprano veremos que han levantado el jardín, lo han enlosado, lo han cubierto con una estructura de hierro y cristal posmoderna que permita acumular el calor tórrido en verano; y a ser posible con un centro comercial que rentabilice toda la operación.