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domingo, 17 de agosto de 2008

UNAS MUSAS VIAJERAS. DE TÍVOLI A MADRID

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Siempre se ha dicho que los artistas esperaban la llegada de la musa para poder crear. No se si las musas van y vienen pero hay unas que si se puede dar fe que han sido unas musas muy viajeras, se trata de aquellas que adornaban el jardín de Villa Adriana en Tívoli, en los alrededores de Roma.

Los jardines de las villas romanas dieron un buen ejemplo del buen vivir de los emperadores y patricios que disfrutaban de su ocio en entornos bien cuidados y rodeados de una naturaleza domesticada cuyos espacios verdes estaban en manos de hábiles jardineros y completados con ornamentación, edificios y sobre todo de bellas estatuas para el placer de los sentidos y de la mente.

Adriano se hizo construir una villa en la que reunió todos los recuerdos de su vida. Fue una construcción en que recreó arquitecturas y esculturas de los países en vivió o viajó el emperador. Ante los restos de Villa Adriana suponemos que el jardín sería digno de verse. En este jardín se hallaban unas esculturas sedentes que representaban las musas. Son replicas realizadas en talleres romanos de la época imperial copiando originales griegos del siglo II de a. C.

Estas musas permanecieron en su lugar originario, el Teatro Académico u Odeón, hasta que sobre 1.500 en plenas ansias coleccionistas de piezas clásicas son redescubiertas y a partir de ahí empieza el periplo de estas esculturas ligadas al nombre de la Reina Cristina de Suecia que las compra en 1670 y las lleva a su palacio de Riario, la residencia en la que vivió buena parte de su estancia en la ciudad de Roma. Son ocho esculturas (que no nueve) que formaron parte de una colección de esculturas griegas y romanas que reunió la reina.

Nuestras musas pasan del aire libre y los jardines, a la sala de un palacio, rodeadas de columnas. Es el año 1670. Las musas como otras piezas de fueron restauradas por Ercole Ferrata como se solía hacer por aquel entonces. Con el paso del tiempo las estatuas habían perdido la cabeza y al restaurarlas les colocaron unas nuevas así como algunos de los atributos pero ocurrió que las identificaron mal. Parece que la única cuyo nombre se corresponde con el original es la de Terpsícore. Como curiosidad la cabeza realizada para Talía corresponde a un retrato de la propia reina Cristina.

El año 1689 muere la reina y su colección pasa a varios propietarios antes de ser comprada por Felipe V y su mujer Isabel Farnesio en el año 1725.

Las ocho musas junto a las otras piezas de la colección embarcaron a través de Génova hacia Alicante para ser instaladas en el nuevo palacio de La Granja que estaba construyendose por aquellos tiempos. En 1746 las estatuas ya están instaladas en él.

Harán de nuevo otro traslado, serán de nuevo restauradas y llevadas finalmente a Madrid en 1862 al edificio Villanueva donde ahora se hallan instaladas. La nueva ampliación del Museo del Prado ha servido para instalarlas con todo su esplendor en una sala donde son las protagonistas. Están instaladas en el ábside del edificio en una sala estucada de un maravilloso color rojo pompeyano encima de unas columnas blancas un poco demasiado altas para mi gusto.

Hasta aquí el itinerario de estas obras de arte pensadas para el entono de los jardines de Villa Adriana. No son estrictamente una escultura de jardín pero en los parques de las villas imperiales los jardines acogían todo tipo de placeres.

1 comentario:

An3 dijo...

¡Qué interesante! Lo cierto es que las esculturas del Prado estaban muy en segundo plano. Aún estoy buscando unas que estaban en unos jardines desaparecidos que al parecer también han desaparecido del catálogo...