
A final de primavera seguramente haré una escapada a Italia y estaba barajando la posibilidad desviarme del itinerario para acercarme a la Villa Real de Marlia, cerca de Lucca, que no conozco. He estado revisando las características del jardín y hay una que me ha llamado la atención: la existencia de un teatro de verdor (ignoro cómo se traduce al castellano el concepto “teatro de verzure”).
Recordé que hace un tiempo que al visitar el jardín de Poiega en Villa Rizzar
El propósito de buscar más información sobre estos teatros que se estilaron en los jardines barrocos e incluso de siglos posteriores se quedó en eso, en simple proyecto. Ahora sería el momento para volver a pensar en eso.
La idea de unir teatro y jardín es antigua. A lo largo de la historia la utilización del jardín en si como escenario idóneo para “representar” el fasto y el poderío de un monarca o de un señor que desplegaba en él toda la pompa y la autoridad antes sus invitados y súbditos quienes ejercían a la vez de espectadores y figurantes de estos espectáculos. El ejemplo más notorio es el de Luis XIV en Versalles.
Siguiendo en estas relaciones entre teatro y jardín cabe destacar la gran cantidad de obras que tienen por escenario un jardín.
Algunas veces la unión entre jardín real y jardín teatral hace que se confundan. Grandes espectáculos se montaban directamente en estos espacios verdes, creando jardines teatrales dentro del jardín. Otras el teatro estable se abre para que el jardín se incorpore a la representación. Felipe IV, gran aficionado a los espectáculos, hizo construir un teatro en el Parque del Buen Retiro cuya escena podía perder su pared del fondo para incorporar el paisaje exterior si la representación de la obra así lo demandaba.
Me apunto en la lista de “deberes” encontrar más información sobre este tema que me puede llevar hasta los mismos inicios del teatro ya que las mismas construcciones greco-romanas eran precedidas de espacios ajardinados dignos de recuerdo.
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