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sábado, 4 de octubre de 2008

KENILWORTH, UN REGALO DE AMOR

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Hace unas semanas apareció la noticia de la recreación del jardín del castillo de Kenillwort. El origen del jardín es el deseo de Dudley, conde de Leicester, de regalar a Isabel I de Inglaterra un jardín como prueba de amor.

Me ha hecho pensar que el jardín como bien preciado en si misma es una obra de arte digna de ser considerada como un regalo . Tenemos un ejemplo notable en la historia mítica forjada alrededor de los jardines de Babilonia en la que se cuenta que el rey Nabucodonosor los hizo construir como obsequio para complacer a su esposa Amytis, hija del rey de los medos que añoraba los paisajes de su pais natal. No se ha podido demostrar arqueológicamente la existencia de estos jardines pero la leyenda es bonita y es una de las que explica su origen.

Ejemplos como este los encontramos a lo largo de la historia como son los jardines que rodeaban el castillo de Chenonceaux regalado a Diana de Poitiers que eran un digno entorno a la vivienda que disfrutó la favorita del rey Enrique II de Francia

Quizá nos puede parecer muy romántica y lejana pero es algo que se ha dado hasta nuestros días. A título de ejemplos cercanos dos regalos-jardín. El primero, nada aristocrático, es el que hizo el industrial Sr. Artigues en Bagà. Hizo construir unos jardines cerca de su fábrica realizados bajo la dirección de Gaudí y se los regaló a su hija con motivo de su matrimonio. Hay que recordar que en esa época los empresarios catalanes tenían casa al lado de su empresa. El segundo caso es el jardín secreto que el actual principe Carlos de Inglaterra regaló a Camila Parker-Bowles como obsequio de boda.

Volviendo a Kenilworth podemos decir que los jardines fueron creados en un castillo construido de antiguo ya que sus orígenes se remontan al siglo XI. En 1563 La reina Isabel I de Inglaterra lo regaló a Robert Dudley, Conde de Leicester, de quien se dice que se enamoró la soberana.



En 1575 la Reina Isabel habría de pasar 19 días en este castillo, Dudley para cautivar a la soberana hizo construir un jardín de los sentidos con el que quería persuadirla de su amor y de alguna manera impulsarla al matrimonio.

Este jardín estaba pensado para ser disfrutado con todos los sentidos. Flores, frutas y plantas daban placer a la vista, el olfato y el tacto, lo mismo que el oído se regalaba con el murmullo del agua de la fuente de mármol que se encuentra en el centro del jardín y el canto de pájaros exóticos que habitaban aquel espacio.

El castillo ahora está en ruinas y también se perdió el jardín. Gracias a una carta que escribió un marchante textil, Robert Langham que lo visitó en su tiempo, el English Heritage ha iniciado un proyecto de recreación en el que participan arqueólogos, historiadores y jardineros. Esta iniciativa se enmarca en un programa más amplio de reconstrucción de jardines isabelinos. El perímetro del jardín volverá a tener las antiguas plantas y flores de antaño y una nueva jardinera recordará aquella que encerraba pájaros y otras aves.

Este fue sin duda un bonito regalo, ahora las dádivas que dan gusto a la mayoría son aquellas que van unidas a objetos materiales o bienes inmobiliarios. Deberíamos volver a pensar en la práctica de dar gusto a los sentidos ofreciendo el regalo de un jardín aunque sea de pequeñas dimensiones. No hemos de olvidar que en el siglo pasado grandes arquitectos y jardineros diseñaron jardines en miniatura que podían ser colocados en el interior de las casa pero de eso hablaremos otro dia. Regalar un jardín es un regalo hermoso y que denota sensibilidad. También es regalar un espacio donde encontrarsey donde trabajar pegado a la naturaleza

Si por el momento no nos regalan o no regalamos un jardín siempre podemos agradecer a English Heritage nos permita poder disfrutar de un jardín isabelino pero para visitarlo aún tendremos que esperar hasta mayo de 2009.




Jardín del castillo de Kenilworth en construcción
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1 comentario:

mery dijo...

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